lunes, 2 de julio de 2012

Vamos, Graham, que no eres Narciso.

Es una especie de malestar, mis piernas tiemblan y siento unas mínimas náuseas; sin sabores feos en la boca, simplemente las ganas de expulsar por la boca esto tan horroroso que siento. Y ahora mis manos empezaron a temblar también, probablemente porque decidí traspasar esto al papel para intentar sentirme mejor... Por ahora, espero que no empiece a temblar mi cerebro, o mis entrañas: eso si que sería bastante perjudicial para mi salud. Faltan quince minutos y no paro de buscar la respuesta que necesito y de mirar el reloj, nerviosamente. Que habrá pasado? Que me habrá pasado? Tal vez es que los papeles me pusieron loco, eso no lo se. Me siento Jarvis en el carrito de compras, me llevan a un lugar en el que supuestamente está todo bien, vamos a la góndola de los quesos, vamos a comprar queso, que ella ya se fue y es sábado y ya no te va a hacer la pizza de los fines de semana, y faltan ocho minutos y no ha pasado nada, y eso es lo que me incomoda, que vamos, que era lógico, hombre, a pesar de todo siempre estarás en un puesto mas bajo de la empresa que el, tiene 10 años mas de antigüedad en la empresa y no puedo competir con eso. Y si...
   No, mejor sigo intentando. Nunca se sabe, tal vez un día confunda papeles muy importante y pierda prestigio, sueldo, EL TRABAJO!
   Si, que pierda el trabajo! Si, si, Graham, que buena idea has tenido, y tienes que concretarla ya porque solo te quedan tres minutos antes de que cierre la fiambrería y te quedes sin queso, vamos, apúrate.
   Si, primero entro a su oficina, lo paso a saludar con intenciones amistosas, hago una mirada general del lugar para retenerlo en la memoria y luego cuando estén saliendo todos, yo entro y cambio algunas cositas de lugar, mando unos mensajes a su nombre... Soy un genio, eres un genio, Graham, es cierto que a veces tienes buenas ideas pero con esta te has pasado! Te besaría si no fuera que no puedo besarme a mi mismo, soy Graham, no Narciso. Deja de reír, Graham, deja de reír, que te van a escuchar. Vamos, apúrate! Es la hora! Es la hora! Y ya que estás aquí, dejémosle un buen regalito, si, si, unas manchas de este pintalabios que había comprado para ella servirá.
   Oh, y además, también podría-
   Pero...
   Ah...
   No, querido Graham, no caigas tan bajo. Tu no eres el dueño de nadie. Vamos, si apenas eres dueño de ti mismo, con todo esto de los seguros de vida, y las tarjetas de crédito y débito. Algo habrás hecho para merecer lo que tienes y te sucede, no? Claro. Si. Por supuesto, es que no tienes memoria? No recuerdas cuando se vino desde Colchester hasta aquí, la mismísima Londres, todo para verte? Recuerdas que era de madrugada? No seas ingrato, Graham. Que antes de ella tampoco te iba muy bien que digamos. Si, es cierto, no debiste enamorarte de esa pianista francesa sabiendo que tenía una gira de dos años con la Metropolitan de Londres. Convengamos que fuiste poco prudente. Si, poco prudente. Vamos, guarda las cosas. Guarda el pintalabios. Organiza las cosas que desordenaste. Ya no más problemas, Graham. Tal vez estas pasando por todo esto gratuitamente, y ella está yendo hacia casa, a esperarte, con el queso. O tal vez no. Pero pase lo que pase, te lo merecerás, Graham. Pase lo que pase, te lo merecerás.

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