miércoles, 1 de agosto de 2012

Cíclico.

Caminó doce cuadras hasta el estacionamiento y buscó su auto en el indivisable mar de chapa. Lo encontró lejos de donde lo había dejado, pero igual que antes: dos puertas, azul oscuro y con una calcomanía perteneciente al anterior dueño que decía ''Dios es mi GPS''. Atea desde los 16, se dirigió hacia su casa ese mismo domingo a las 09:00 y después de saludar al portero subió al ascensor, con la mano en el tablero frío y seco de metal. Después de la (esperada) brusca frenada apretó dos veces el botón con el numero 18 y se dejo sobresaltar por la reanudación del ascensor y llegó al departamento.
   Acarició a su gato, busco su cuaderno oficio con la lapicera negra en el anillado y se sentó a escribir. Escribió durante veinte minutos , hizo aletear la mano un poca para relajarla y se sentó enfrente del televisor. Puso una película que estaba en ingles sin subtitulos y que permaneció así, ya que no tenía ganas de levantarse a agarrar el control remoto y activarlos. Se ató bien fuerte los cordones y luego de dar la ultima vuelta entró en la cocina y se sentó en la silla a prepararse algo para tomar.
   Martín salió de su casa y luego de ponerse los auriculares le pidió a Steven que por favor le diera lo que quería. Después de tomar el vaso de veneno, ella empezó a sentir que sus dimensiones crecían en dimensiones absurdas y que le dolía la garganta. Esa parte le pareció obvia, pero lo de las piernas no lo esperaba. Cambió de canción y está vez en español: no le tengas miedo a la oscuridad (por favor), tratá de ser fuerte y de vencer a las sombras de esta noche interminable. De las piernas, pasó a la espalda. El dolor la arqueaba tanto que sentía que iba a poder morder su propia espalda. Martín Martín potasio potasio. Tachó el ''it'' y puso un ''me''. Me sentís llegando? Se sentía una idiota. Maldito veneno, podría haberse pegado un tipo y muy probablemente todo se terminaba más rápido. Che, esto no es el cielo pero se parece. Encima la puerta está abierta. Por favor, que dolor. Mu muerte no debía ser así, quería que me encontraran en un estado un poco más pacífico, que van a pensar cuando me encuentren toda retorcida y con dolor en mi cara. Paula. Paula, despertate. Dale, que hay baba por toda la mesada. Baba? Martín, que hacés acá? Yo me estaba muriendo, y que pasó? Muriendo no te estás muriendo, estás viva y estoy al lado tuyo. Vamos a cenar? Tengo mucha hambre, Martín. Voy a cocinar algo. No, dejame que cocino yo. Que es eso que estuviste escribiendo ahí? O contamelo después, primero acostate en el sillón que te cuento que canciones escuché yo.

No hay comentarios.: