lunes, 27 de agosto de 2012

Cuento de terror.

Entró al baño y se miró al espejo.
De repente, una puntada lo atacó en el su costado derecho y luego de retorcerse, se miró al espejo de nuevo pero vió que sus ojos no estaban y tenía un espacio vacío. Un espacio vacío y negro. Entonces un escalofrío recorrió sus piernas hasta llegar a su nuca, se arrodilló en el suelo y procedió a dejar de existir a conveniencia de la decencia y moral de la agencia de modelaje de productos para el rostro en el cual trabajaba.

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