martes, 7 de agosto de 2012

Doble X y galaxia en la esquina.

   Estabas sentada justo enfrente mío. Dos invisibles formaban una equis en tu largo pelo marrón. Lacio, suave y completamente manejable para mi y para vos, tus pelos se distribuían por todos lados. Tenías algunos que eran rebeldes y tenían ondulaciones, pero todos eran solitarios, proyectos inacabados de rulos.
   El sol se lanzaba hacia el con mucha violencia; era otoño, y no había ninguna nube. La luminosidad hacía que, vistos con detenimiento, parecieran galaxias diminutas, danzando al vaivén de los movimientos de tu cabeza y el colectivo.
   Un par de mechones se posaban sobre tus hombros. Reparé en sus puntas, y vi que tenías una especie de bucles, naturales, sospeché. No es que no cuides tu pelo, solo que no parecían arreglados.
   Yo soñaba con tocarlos algún día, pero no hoy. Hoy estaba muy ocupado describiendote desde el asiento atrás del tuyo.

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