martes, 21 de agosto de 2012

La sangre.

La sangre de una mujer ha sido derramada. Escapa y se muestra e incomoda a ciertos hombres sin respeto a sus propias madres ni hermanas ni ninguna fémina. Esta sangre se ha derramado y todos bailamos de felicidad. Nadie llora. Solo estos hombres y algunas incautas mujeres a los cuales olvidé nombrar lo hacen. Vete! Vete, maldito represor del cuerpo. Aquí estamos todos unidos y unidas. Todos los sexos nos damos la mano, palmeamos nuestras espaldas y besamos nuestras mejillas. Amo los pelos en su cuerpo. Amo verla amarse y no caer en la fácil tentación de ceder y sacarlos cuando los quiere. Acaricio los pelos de su axila y beso su boca. Amo su panza, más grande que la mía, con su gordura y sus bellos vellos púbicos. Maldita seas, historia y sociedad ordenada por los hombres, bajo el dogma de una religión la cual tiene una figura fálica invertida como adoración. Malditos ellos que hicieron que el decir las palabras ''gorda'' y ''pelos'' en la mujer sea un insulto, una falta de educación, una mala palabra. Yo la amo y ella se ama. Porque ahora nos recriminan el amarnos como personas, pero no de una manera completa y hermosa? Pero ahora eso no importa. Todos y todas nos reunimos y nos amamos sin palabras, y nos abrazamos aunque tengamos solo una espalda y solo dos brazos. Y nos amamos como yo la amo, completa y vigorosamente. Los mismos olores, los mismos sentimientos, la vida a flor de piel como un guante apretando la mano con la que agarramos la copa para brindar. Un día todos nos amaremos, y ese día la sangre correrá sin vergüenza.

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