martes, 4 de septiembre de 2012

En realidad a nadie le importa nada, la psicología inversa es muy triste y las emociones de los casi desconocidos pierden valor para pasar a ser ignoradas.

Me quedé sin auriculares y tengo el libro que me prestaste en el regazo. En este momento no puedo leer más. Imagino tu cuerpo suspendido en un fondo blanco, tan poco raro en mi. Tu cuerpo por momentos desnudo, por momentos vestido; me emociono de la misma forma en ambos casos. El solo hecho de poder figurarte en mi mente con la misma vivacidad con la que siento al libro hace que me estremezca. Mi mente te abraza y de repente, despues de extrañarte tanto tiempo, me di cuenta de lo incompleto que me siento, amada mía. Me di cuenta que aunque quiera ser yo mismo y poder ser uno solo, necesito estar a tu lado y reírnos de las cosas que nos reíamos en tu cama y en el subterráneo. Extraño poder hablar sobre el futuro, sobre el pasado y no hacerlo sobre el presente. Arriba del colectivo trato de conectarme de nuevo y reconectar la imagen y logro que el fondo se vuelva gris y vos estés vestida de la misma manera en la que estabas cuando nos vimos por primera vez. El destino es incierto pero aún así lo único que espero es poder llegar a vos de nuevo y poder, por lo menos los primeros días, estar a tu lado y no pensar en nada. Me bajo y el colectivero me dice que este es su último turno, no hay más colectivos. Con el libro en la mano y la otra mano en mi bolsillo, recorro el camino que hago hace 4 años con los ojos cerrados, esa cuadra y media con los ojos cerrados, ciertamente que lo hago. E imagino de nuevo ese fondo gris con tu imagen, extiendo mis brazos y trato de abrazarte, trato de por lo menos lograr tocarte para sentir que mi piel no es solamente una cáscara, y no puedo. Y lloro, y mi alma llora a tu cuerpo, llora tanto que llego a mi casa y no hay ni una sola lágrima en mi cara. Llora tanto que todos se dan cuenta, y nadie me dice nada cuando me tiro en la cama, ovillado con mi cabeza sobre la almohada. No puedo tomarme en serio, de verdad que no. Mi cuerpo te extraña tanto que está pensativo y está inmóvil, y de a poco duerme. Y de a poco se duerme más, hasta que en mi sueño vuelo al cielo de los recuerdos y rememoro lo que ya viví. Y todo se repite, y así te extraño más y más.

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