martes, 21 de mayo de 2013

- Maradona -

Maradona es una de las personas que más detesto en mi vida. Es una persona arrogante, que se expresa de una manera muy poco admirable y que siente que tiene impunidad para decir lo que se le da la gana, sin ningún tipo de respuesta contraria. Y si la obtiene, se ofende. Pero debo ser justo y ser sincero con Maradona como lo soy con muchos músicos a los cuales odio como persona pero disfruto su obra. Más allá de su personalidad criticable, Diego Armando Maradona es un ser que no es de este mundo. Dudo con todo mi corazón que exista alguna vez un humano que pueda manejar a un objeto que no es parte de su propia fisiología de la manera en la que él lo hizo. Es algo increíble. Es una vergüenza. Es bochornoso. Es absurdo. Es indescriptible como se conecta, es como si la pelota le hablara, como si mientras se toca el botin y el balón, el mismo le fuera avisando ''Cuando yo te diga, doblá a la derecha. Hacé un pase. Pegale al arco. Hay viento, dale de tres dedos.'' Y él le entiende, el habla ese idioma a la perfección. Es un idioma que confeccionó desde que tocó por primera vez una pelota. Él es la Real Academia Maradoniana del idioma del fútbol. Hay muchas muestras de eso, pero este video lo muestra de la manera más perfecta posible, junto a otro ser que ahora no me agrada (por cosas que no vienen al caso que nos incumbe ahora) pero que en ese momento, logró entender el idioma del fútbol a la perfección y no pudo hacer otra cosa que colapsar en lágrimas. Victor Hugo Morales vio, en el segundo gol a los ingleses, a la perfección misma. El amor simple y fraternal de un hombre a otro hombre. Y entonces, como todas las buenas cosas, sin intentarlo, nos entregó el mejor relato sobre un hecho histórico que se pudo hacer. Perdiendo el sentido (y a la vez no) Victor Hugo dejó de ser Victor Hugo y no pensó lo que decía, pues sus sentimientos y la felicidad tomaron el control de su cuerpo. De su boca y su cerebro. Sus ojos ya habían sido tomados cuando Diego empezó a correr desde la mitad de la cancha. En ese momento, los astros de este sistema solar y de los desconocidos también se juntaron en una armonía perfecta que pocas veces sucede y colisionaron entre si para que del choque cayera un poco de polvo estelar sobre esas dos personas, y así ellos dos, uno en la cancha, otro fuera de ella, fueron la mejor pareja que haya pisado la faz de a tierra.

Diego Armando Maradona es increíblemente criticable como persona, y esa contradicción es lo que lo hace tan interesante como ser humano, como mito, como realidad, como evento cultural presenciable. Es por eso que provoca tanta pasión ciega en los argentinos, e incluso en muchos extranjeros que tienen la suerte de sentirlo propio.

Tenemos que aprender a separar el artista de la persona, el deportista de el hombre. Y él es una de esas personas que merece ser admirada por lo bueno que hizo en su vida.

Y pensar que hay gente que piensa que el fútbol es solamente ''22 tipos pegandole a una pelota''...

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