viernes, 11 de abril de 2014

- chau -

estoy desolado porque me siento fatal. no me importa saber si voy a verte o si vas a cortar con el, si vas a volver a besarme o si me vas a sonreír como esas veces en las que deseabas que no hubiera ningún bondi de separación entre tu casa y la mía; nada de eso importa. ahora mismo, en este segundo, en esta baldosa en la que estoy no estás vos, y yo bailo solo. no porque sepa bailar, sino porque era como nos imaginaba, y me gusta crear situaciones nostálgicas como las hablabamos cuando nos sentíamos por siempre lejos en cuestiones físicas pero tan, demasiado juntos en el plano personal, sentimental. en esta baldosa estoy bailando solo, y hago tanta fuerza que casi puedo imaginarte. tu cabeza apoyada en mi pecho, más por cuestiones de altura que por intenciones hollywoodenses, con tus dedos aferrandose a la parte conectadora de mi cintura con mi espalda, tu reloj frío tocando mi piel, haciendome sentir frío a pesar de que estabamos en la comodidad de tu cuarto. yo me acuerdo ese beso que nos dimos, yo estaba tan nervioso porque lo esperé tanto tiempo que había sobrepasado el límite y mi cabeza empezaba casi a idealizarlo, imaginaba que fuegos de artificio iban a salir de mis orejas e ibas a levantar tu piernita pequeña hecha de escarbadientes cual jovencita quinceañera enamorada. y no pasó ninguna de esas cosas. fue un beso lleno de nervios, con mis manos nerviosamente recorriendo el costado de tu cuerpo, lenta y muy miedosamente, nuestras lenguas pidiendole permiso a nuestros labios para sumarse al beso.

me acuerdo que solo alcancé a decirte ''hola'' antes de que nuestros cuerpos apresurados se atrajeran magnéticamente entre si, con los ojos nerviosos como dos chiquillos que van a una guerra en la que sienten que van a salir sin vida, pero ya la adrenalina es demasiada, y necesitan experimentar el sabor agridulce del combate, con la intención de buscar un poco de paz. confusos, sin idea de lo que hacíamos nos besamos y caminamos por el parque. hacía frío porque salimos con abrigos, y jugamos a mirar a la gente como quien sale al bosque a descubrir nuevas especies de insectos, por mera curiosidad de observación. nos reímos de muchos y nos enseriamos de nosotros mismos, yo vomitaba palabras todo el tiempo y no hacía nada para parar, porque sabía que ponerme las manos en la boca no iba a ayudar a que dejen de fluir, entonces traté de hacer que sean las mejores posibles. te repetí lo linda que eras, te dije un poema que se me ocurrió en el momento sobre vos y te conté de donde vinieron estas cicatrices. y vos me mostraste una, y yo por dentro sonreí con amargura, porque sabía que eso era algo triste en tu libro, pero me sentía valoroso porque habías confiado en mi algo tan privado. y nos despedimos y vos me despediste y yo no quería irme nunca porque tenía miedo de que fueras en realidad un sueño, uno más de todos, tenía miedo de que al despedirte de mi desaparecieras, que no te fuera a ver nunca más, como a ala chica de la cual me enamoré arriba del 55 yendo a san justo, con la cual jugamos al ping pong con nuestras sonrisas, para bajar en el mismo lugar pero no hablar. sentía que al ir en el subte, en medio de gente sentada con cara de nada vos ibas a ser otro montoncito de polvo acumulandote en el bolsillo de un chico de la calle, y allí sin compañía y lejos de mi te ibas a quedar.

y pasaron muchas cosas ahora que no vale la pena mencionar, pero te cuento que ahora estoy bailando en la baldosa pensando en vos, pensando en ese texto que escribí una vez sobre vos, que leí en público, y que una chica muy linda dijo que le gustaba. ''que lindo lo que escribís'' me dijo, y yo la miré y le agradecí y pensé que ojalá vos no estuvieras en mi mente así podría hablar con esta nueva conocida y tal vez besarnos y poder conocerla más, pero a la vez vos fuiste el vínculo que nos unió para poder hablar... y es todo un gran tema, sabes? cualquiera desde afuera diría ''vamos, ve y hablale, supera a esta chica y empieza algo nuevo'' pero yo siempre fui un utópico de mierda, y siempre lo voy a ser, incluso después de vos. yo sentía y a veces me vuelve a atacar el caballo de que puedo recuperarte pero no puedo recuperar a lo que nunca tuve, entiendes. así que mientras miro a esta chica nueva en la mesa de enfrente, escuchando atentamente a alguien más, yo en mi cabeza canto esa canción que tanto escuchabamos juntos y trato de decirte adiós por una vez y por siempre. voy al almacén y compro el paquete de cigarrillos y la cerveza más barata, porque es la única que me alcanza, sirvo un solo vaso, prendo un solo pucho, y mirando el techo, donde antes te busqué tanto, empiezo a despedirte. a mi salud.

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